El Dr. Ruiz intenta, enseñar al lector el camino para eliminar “aquellas
creencias heredadas que nos limitan y substituirlas por otras que
responden a nuestra realidad interior”. Basado en la sabiduría de los
antiguos nahuales, relata la cosmovisión que debería tener un ser humano
para estar en equilibrio emocional, mental y social.
“No hay
razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque tú así lo
eliges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero
ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única
razón por la que eres feliz es por que tú decides ser feliz. La
felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento.”

PRIMER ACUERDO:
"SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS"
Extractos del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz.
El primer acuerdo es el más importante y también el más difícil de
cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar el
nivel de existencia que yo denomino ¨El cielo en la tierra¨.
Este primer acuerdo parece simple, pero es sumamente poderoso.
TU INTENCIÓN SE PONE DE MANIFIESTO A TRAVÉS DE TUS PALABRAS. LO QUE
SUEÑAS, LO QUE SIENTES Y LO QUE REALMENTE ERES, LO MUESTRAS POR MEDIO DE
LAS PALABRAS.
Las palabras son la herramienta más
poderosa que tiene como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son
como una espada de doble filo: Pueden crear el sueño más bello o
destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de las
palabras, que crean un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de
las palabras, qué sólo engendrará belleza, amor… Según cómo las
utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que
te imaginas. Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura
magia y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.
Esta
magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o
destruir millones de personas. Hace años, en Alemania, mediante el uso
de las palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy
inteligente. Los llevo a una guerra mundial sólo con el poder de sus
palabras. Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de
violencia. Activó el miedo de la gente y, de pronto, como una gran
explosión, empezaron las matanzas y el mundo estalló en guerra.
Tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas ¡y la mente humana es muy fértil!
Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas de
miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una extraordinaria
destrucción masiva.
Debemos comprender cuál es el poder que emana de nuestra boca.
Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras
como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros
imprudentemente.
Todo ser humano es un mago y, por medio de las
palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo.
Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Por
ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que se me acaba
de ocurrir. Le digo: ¨!Mmmm! Veo en tu cara el color de los que acaban
teniendo cáncer¨. Si escucha estas palabras y está de acuerdo,
desarrollará un cáncer en menos de un año. Ese es el poder de las
palabras.
Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian, para bien o para mal, nuestras creencias.
SER IMPECABLE CON TUS PALABRAS ES NO UTILIZARLAS CONTRA TI MISMO.
Si te veo en la calle y te llamo estúpido, puede parecer que utilizo
esa palabra contra ti, pero en realidad la utilizo contra mí mismo,
porque tú me odiarás por ello y tu odio no será bueno para mí.
Si te amo tú me amarás, si te doy odio tú me odiarás.
Acción y reacción. Si siento gratitud por ti, tú la sentirás por mí. Si soy egoísta contigo tú lo serás conmigo.
Ser impecable con tus palabras significa utilizar tu energía
correctamente, en la dirección de la verdad y el amor por ti mismo.
Si llegas a un acuerdo contigo para ser impecable con tus palabras, eso
bastará para que la verdad se manifieste a través de ti y limpie todo
el veneno emocional que hay en tu interior. Pero llegar a este acuerdo
es difícil porque hemos aprendido a hacer precisamente todo lo
contrario. Hemos aprendido a hacer de la mentira un hábito al
comunicarnos con los demás y, aún más importante, al hablar con nosotros
mismos. No somos impecables con nuestras palabras.
MUCHAS
VECES USAMOS LAS PALABRAS PARA MALDECIR, PARA CULPAR, PARA REPROCHAR,
PARA DESTRUIR. EN GENERAL, UTILIZAMOS LAS PALABRAS PARA PROPAGAR NUESTRO
VENENO PERSONAL: PARA EXPRESAR RABIA, CELOS, ENVIDIA Y ODIO.
Con el uso erróneo de las palabras, nos perjudicamos los unos a los
otros y nos mantenemos mutuamente en estado de miedo y duda.
Los chismes son magia negra de la peor clase, porque son puro veneno. Aprendimos a contar chismes por acuerdo.
Contar chismes se ha convertido en la principal forma de comunicación en la sociedad humana.
El chismorreo es comparable a un virus informático. Pero con una
intención dañina. Uno ni se percata de ello pero es mucho el daño que
hace.
Si eres impecables con tus palabras verás cuantos cambios
ocurren en tu vida. En primer lugar, cambios en tu manera de tratarte y
en tu forma de tratar a otras personas, especialmente a aquellas a las
que más quieres.
La impecabilidad en tus palabras también te
proporcionara inmunidad frente a cualquier persona que te lance un
hechizo. Solamente recibirás una idea negativa si tu mente es un campo
fértil para ella.
TÚ DECIDES SI LLEGAS O NO A ESTABLECER UN
ACUERDO CONTIGO MISMO: SOY IMPECABLE CON MIS PALABRAS. ESTE ES EL PRIMER
ACUERDO AL QUE DEBES LLEGAR SI QUIERES SER LIBRE, SER FELIZ Y
TRASCENDER EL NIVEL DE EXISTENCIA DEL INFIERNO.
Dite a ti mismo
que eres una persona maravillosa, fantástica. Dite cuánto te amas.
Utilizas las palabras para romper todos esos acuerdos que te hacen
sufrir.
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SEGUNDO ACUERDO:
"NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE"
Extractos del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz.
Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente.
Si te encuentro en la calle y te digo: ¨Eh, eres un estúpido”, sin
conocerte, no me refiero a ti, sino a mí. Si te lo tomas personalmente,
tal vez te creas que eres un estúpido.
Te lo tomas
personalmente porque estás de acuerdo con cualquier cosa que se diga.
Tan pronto como estás de acuerdo, el veneno te recorre y te encuentras
atrapado en el sueño del infierno.
El motivo de que estés
atrapado es lo que llamamos “la importancia personal”. La importancia
personal, o el tomarse las cosas personalmente, es considerar que todo
gira a nuestro alrededor.
Creemos que somos responsables de todo. ¡Yo, yo, yo y siempre yo!
NADA DE LOS QUE LOS DEMAS HACEN ES POR TI. LO HACEN POR ELLOS MISMOS.
Todos vivimos en nuestro propio sueño, en nuestra propia mente; los
demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada
uno de nosotros.
Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que hay en nuestro mundo.
Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo, cuando
alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo.
Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa
responden a los acuerdos que ha establecido en su propia mente.
Si alguien te da una opinión y te dice ¡Oye, estás muy gordo!, no te lo
tomes personalmente, porque la verdad es que se refiere a sus propios
sentimientos, creencias y opiniones.
Esa persona intentó enviarte veneno y si tú lo tomas personalmente, lo recoges y se convierte en tuyo.
Hay gente que te atrapa fácil con una simple opinión, después te
alimentan con el veneno que quieren, y como te lo tomas personalmente,
te lo tragas sin rechistar.
Te comes toda su basura emocional y
la conviertes en tu propia basura. Pero si no te lo tomas
personalmente, serás inmune a todo veneno que te encuentres. Esa
inmunidad es un don de este acuerdo.
Cuando te tomas las cosas
personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus
creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena
porque sientes la necesidad de tener la razón y de que los demás estén
equivocados. También te esfuerzas en demostrarles que tienen la razón
dando tus propias opiniones.
Lo que dices, lo que haces y las
opiniones que tienes se basan en los acuerdos que tú has establecido, y
no tienen nada que ver conmigo.
Pienses lo que pienses, sientas
lo que sientas, sé que se trata de tu problema y no del mío. Es tu
manera de ver el mundo. Te refieres a ti mismo y no a mí.
Los
demás tienen sus propias opiniones según su sistema de creencias. Sea lo
que sea lo que la gente haga, piense o diga, no te lo tomes
personalmente.
Únicamente si hacemos un inventario de nuestros
acuerdos destaparemos todos los conflictos de la mente y con el tiempo
llegaremos a extraer el orden del caos.
No te tomes nada personalmente por que si lo haces te expones a sufrir por nada.
Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y
distintos grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esa
adicción. Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir. Si tienes la
necesidad de que te maltraten, será fácil que los demás lo hagan. Del
mismo modo si estás con personas que tienen necesidad de sufrir, algo en
ti hará que las maltrates. Piden una justificación para su sufrimiento.
Su adicción al sufrimiento no es más que un acuerdo que se refuerza a
diario.
Vayas donde vayas, encontrarás gente que te mentirá,
pero a medida que tu conciencia se expanda, descubrirás que tú también
te mientes a ti mismo.
No esperes que los demás te digan la
verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos. Tienes que confiar
en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice.
Cuando
realmente vemos a los demás tal como son sin tomárnoslo personalmente,
lo que hagan o digan no nos dañará. Aunque los demás te mientan no
importa. Te mienten porque tienen miedo. Tienen miedo de que descubras
que no son perfectos. Quitarse la máscara social resulta doloroso.
SI LOS DEMÁS DICEN UNA COSA, PERO HACEN OTRA COSA, Y TÚ NO PRESTAS ATENCIÓN A TUS ACTOS, TE MIENTES A TI MISMO.
Pero si eres veraz contigo mismo, te ahorrarás mucho dolor emocional.
Decirte la verdad quizá resulte doloroso, pero no necesitas aferrarte al
dolor. La curación está en camino; que las cosas te vayan mejor es sólo
cuestión de tiempo.
Si alguien no te trata con amor y respeto
que se aleje de ti es un regalo. Si esa persona no se va lo más probable
es que soportes muchos años de sufrimiento con ella.
PARA ELEGIR CORRECTAMENTE, MÁS QUE CONFIAR EN LOS DEMÁS, ES NECESARIO QUE CONFÍES EN TI MISMO.
Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitará muchos disgustos en la vida.
Tu rabia, tus celos, tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá.
Si conviertes el segundo acuerdo en un hábito, descubrirás que nada podrá volverte al infierno.
Escribe este acuerdo en un papel y engánchalo a tu nevera, en tu
oficina en tu lugar de trabajo para recordarlo en todo momento:
NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE.
Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás
depositar tu confianza en lo que hagan o digan los demás. Basta que
confíes en ti mismo para elegir con responsabilidad. Nunca eres
responsable de los actos de los demás; sólo eres responsable de tus
actos. Cuando comprendas esto, de verdad, y te niegues a tomarte las
cosas personalmente, será muy difícil que los comentarios insensibles o
los actos negligentes de los demás te hieran.
Si mantienes este acuerdo, viajarás por todo el mundo con el corazón abierto por completo y nadie te herirá.
Dirás te amo, sin miedo a que te ridiculicen o rechacen.
Pedirás lo que necesites. Dirás sí o dirás no. Lo que tú decidas, sin culparte ni juzgarte.
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TERCER ACUERDO:
"NO HAGAS SUPOSICIONES"
Extractos del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz.
El tercer acuerdo consiste en no hacer suposiciones.
Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto.
Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan, nos lo
tomamos personalmente y después, los culpamos y reaccionamos enviando
veneno emocional con nuestras palabras.
Todas las tristezas y
los dramas que has experimentado tienen sus raíces en las suposiciones
que hiciste y en las cosas que te tomaste personalmente.
Toda cuestión del dominio entre los seres humanos gira alrededor de suposiciones.
Producimos mucho veneno emocional haciendo suposiciones y tomándonoslas
personalmente, porque por lo general empezamos a chismorrear a partir
de nuestras suposiciones.
Recuerda que chismorrear es nuestra forma de comunicarnos y enviarnos veneno los unos a los otros.
COMO TENEMOS MIEDO DE PEDIR UNA ACLARACIÓN HACEMOS SUPOSICIONES Y
CREEMOS QUE SON CIERTAS, DESPUÉS LAS DEFENDEMOS, E INTENTAMOS QUE SEA
OTRO EL QUE NO TENGA LA RAZÓN, SIEMPRE ES MEJOR PREGUNTAR QUE HACER UNA
SUPOSICIÓN, PORQUE LAS SUPOSICIONES CREAN SUFRIMIENTO. SÓLO VEMOS LO QUE
QUEREMOS VER Y OÍMOS LO QUE QUEREMOS OÍR. NO PERCIBIMOS LAS COSAS TAL
COMO SON.
Tenemos la costumbre de soñar sin basarnos en la realidad.
Hacer suposiciones en nuestras relaciones significa buscarse problemas.
Hacer suposiciones en las relaciones conduce a muchas disputas,
dificultades y malentendidos con las personas que supuestamente amamos.
Muchas veces suponemos que la otra persona sabe lo que queremos.
El funcionamiento de la mente humana es bastante interesante.
Necesitamos justificarlo,explicarlos y comprenderlo todo para sentirnos
seguros.
Si los demás nos dicen algo hacemos suposiciones, y si
no nos dicen nada también. Las hacemos para satisfacer nuestra
necesidad de saber y reemplazar la necesidad de comunicarnos. Incluso si
oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que
significa, y después, creemos en ellas. Hacemos todo tipo de
suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar.
Cuando
creemos algo ,suponemos que tenemos la razón hasta el punto de llegar a
destruir nuestras relaciones por defender nuestra posición.
Suponemos que todo el mundo ve la vida del mismo modo que nosotros.
Suponemos que los demás piensan, sienten, juzgan y maltratan como
nosotros lo hacemos. Esta es la mayor suposición que podemos hacer y
esta es la razón por la cual nos da miedo ser nosotros mismos ante los
demás, porque creemos que nos juzgarán, nos convertirán en sus víctimas,
nos maltratarán. Y nos culparán como nosotros mismos lo hacemos.
De modo que antes de que los demás tengan la oportunidad de
rechazarnos, nosotros mismos ya nos hemos rechazado. Así es como
funciona la mente.
También hacemos suposiciones sobre nosotros
mismos y esto crea muchos conflictos internos. Por ejemplo, supones que
eres capaz de hacer algo y después descubres que no lo eres. Te
sobreestimas o te subestimas a ti mismo porque no te has tomado el
tiempo necesario para hacerte preguntas y contestártelas a ti mismo.
NO ES NECESARIO QUE JUSTIFIQUEMOS EL AMOR; ESTÁ PRESENTE O NO LO ESTÁ.
EL AMOR VERDADERO ES ACEPTAR A LOS DEMÁS TAL COMO SON SIN TRATAR DE
CAMBIARLOS. SI INTENTAMOS CAMBIARLOS SIGNIFICA QUE EN REALIDAD NO NOS
GUSTAN.
Si no entiendes algo, en lugar de hacer suposiciones es
mejor que preguntes y que seas claro. El día que dejes de hacer
suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno
emocional. Cuando ya no hagas suposiciones tus palabras se volverán
impecables.
Con una comunicación clara todas tus relaciones
cambiarán, no sólo las que tienes con tu pareja, sino también con todos
los demás. No será necesario que hagas suposiciones porque todo se
volverá muy claro. Esto es lo que yo quiero y esto es lo que tú quieres.
LO QUE REALMENTE HARÁ QUE LAS COSAS CAMBIEN ES LA ACCIÓN.
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CUARTO ACUERDO:
"HAZ SIEMPRE LO MÁXIMO QUE PUEDAS"
Extractos del libro “Los Cuatro Acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz.
Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se
conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se
refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre lo máximo que
puedas.
BAJO CUALQUIER CIRCUNSTANCIA, HAZ SIEMPRE LO MÁXIMO QUE PUEDAS, NI MÁS NI MENOS.
Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas
están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo
máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad y en otras no será tan
bueno. Cuando te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana tu
rendimiento es mejor que por la noche cuando estás agotado. Lo máximo
que puedas hacer será distinto cuando estés sano que cuando estés
enfermo o cuando estés sobrio que cuando hayas bebido.
Tu rendimiento dependerá de que te sientas de maravilla y feliz o disgustado, enfadado o celoso.
En tus estados de ánimo diarios lo máximo que podrás hacer cambiará de
un momento a otro de una hora a otra de un día a otro. También cambiará
con el tiempo. A medida que vayas adquiriendo el hábito de los cuatro
nuevos acuerdos tu rendimiento será mejor de lo que solía ser.
Independientemente del resultado sigue haciendo siempre lo máximo que
puedas, ni más ni menos. Si intentas esforzarte demasiado para hacer más
de lo que puedes gastarás más energía de la necesaria y al final tu
rendimiento no será suficiente.
CUANDO TE EXCEDES AGOTAS TU CUERPO Y VAS CONTRA TI Y POR CONSIGUIENTE TE RESULTA MÁS DIFÍCIL ALCANZAR TUS OBJETIVOS.
Por otro lado si haces menos de lo que puedes hacer te sometes a ti mismo a frustraciones, juicios, culpas y reproches.
Limítate a hacer lo máximo que puedas, en cualquier circunstancia de tu vida.
No importa si estás enfermo o cansado, si siempre haces lo máximo que
puedas, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no
te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto.
Si haces siempre lo máximo que puedas, romperás el fuerte hechizo al que estás sometido.
Había una vez un hombre que quería trascender su sufrimiento, de modo
que se fue a un templo budista para encontrar a un maestro que le
ayudase. Se acercó a él y le dijo:
«Maestro, si medito cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?».
El maestro le miró y le respondió: «Si meditas cuatro horas al día, tal vez lo consigas dentro de diez años».
El hombre, pensando que podía hacer más, le dijo: «Maestro, y si medito
ocho horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación».
El maestro le miró y le respondió: «Si meditas ocho horas al día, tal vez lo lograrás dentro de veinte años».
«Pero ¿por qué tardaré más tiempo si medito más?» Preguntó el hombre.
El maestro contestó: «No estás aquí para sacrificar tu alegría ni tu vida. Estás aquí para vivir, para ser feliz y para amar».
Si puedes alcanzar tu máximo nivel en dos horas de meditación pero
utilizas ocho sólo conseguirás agotarte, apartarte del verdadero sentido
de la meditación y no disfrutar de tu vida. Haz lo máximo que puedas y
tal vez aprenderás que independientemente del tiempo que medites puedes
vivir amar y ser feliz.
Si haces lo máximo que puedas vivirás
con gran intensidad. Serás productivo y serás bueno contigo mismo porque
te entregarás a tu familia, a tu comunidad, a todo. Pero la acción es
lo que te hará sentir inmensamente feliz. Siempre que haces lo máximo
que puedes, actúas.
HACER LO MÁXIMO QUE PUEDAS SIGNIFICA ACTUAR EN CADA MOMENTO COMO UN FIN EN SI MISMO NO PORQUE ESPERAS UNA RECOMPENSA.
La mayor parte de las personas hacen exactamente lo contrario: sólo
emprenden la acción cuando esperan una recompensa y no disfrutan de
ella. Y ese es el motivo por el que no hacen lo máximo que pueden.
Por ejemplo, la mayoría de las personas van a trabajar y piensan
únicamente en el día de pago y en el dinero que obtendrán por su
trabajo. Están impacientes esperando a que llegue el viernes o el
sábado, el día en el que reciben su salario y pueden tomarse unas horas
libres. Trabajan por su recompensa y el resultado es que se resisten al
trabajo.
Intentan evitar la acción; ésta entonces se vuelve cada vez más difícil y esas personas no hacen lo máximo que pueden.
Trabajan muy duramente durante toda la semana, soportan el trabajo,
soportan la acción, no porque les guste, sino porque sienten que es lo
que deben hacer.
Tienen que trabajar porque han de pagar el alquiler y mantener a su familia.
Son personas frustradas, y cuando reciben su paga, no se sienten
felices. Tienen dos días para descansar, para hacer lo que les apetezca,
¿y qué es lo que hacen? Intentan escaparse. Se emborrachan porque no se
gustan a sí mismos. No les gusta su vida. Cuando no nos gusta cómo
somos, nos herimos de muy diversas maneras.
Sin embargo, si emprendes la acción por la honestidad y continuar por puro placer de hacerlo, Haces lo máximo que puedes.
Te debes el aceptarte a ti mismo, tienes que arriesgarte a expresarte y aprender de tus errores.
Cuando haces lo máximo que puedes no parece que trabajes, porque
disfrutas de todo lo que haces. Sabes que haces lo máximo que puedes
cuando disfrutas de la acción o la llevas a cabo de una manera que no te
repercute negativamente.
Haces lo máximo que puedes porque quieres hacerlo, no porque tengas que hacerlo, ni por complacer a los demás.
Si emprendes la acción porque te sientes obligado, entonces, de ninguna
manera harás lo máximo que puedas. En ese caso, es mejor no hacerlo.
Cuando haces lo máximo que puedes, siempre te sientes muy feliz; por eso
lo haces. Cuando haces lo máximo que puedes por el mero placer de
hacerlo, emprendes la acción porque disfrutas de ella.
LA ACCIÓN CONSISTE EN VIVIR CON PLENITUD.
La inacción es nuestra forma de negar la vida y consiste en
sentarse delante del televisor cada día durante años porque te da miedo
estar vivo y arriesgarte a expresar lo que eres. Expresar lo que eres
es emprender la acción.
Puede que tengas grandes ideas en la cabeza, pero lo que importa es la acción.
Una idea, si no se lleva a cabo, no producirá ninguna manifestación, ni resultados ni recompensas.
La historia de Forrest Gump es un buen ejemplo. No tenía grandes ideas,
pero actuaba. Era feliz porque hacía lo máximo que podía en todo lo que
emprendía. Recibió importantes recompensas que no había esperado.
Emprender la acción es estar vivo. Es arriesgarse a salir y expresar tu
sueño. Esto no significa que se lo impongas a los demás, porque todo el
mundo tiene derecho a expresar su propio sueño.
Hacer lo máximo
que puedas es un gran hábito que te conviene adquirir. Yo hago lo
máximo que puedo en todo lo que emprendo y siento. Hacerlo se ha
convertido en un ritual que forma parte de mi vida, porque yo escogí que
así fuese. Es una creencia, como cualquier otra de las que he elegido
tener. Lo convierto todo en un ritual y siempre hago lo máximo que
puedo. Para mí, ducharse es un ritual; con esta acción le digo a mi
cuerpo lo mucho que lo amo. Disfruto al sentir el agua correr por mi
cuerpo.
Hago lo máximo que puedo para que las necesidades de mi cuerpo se vean satisfechas, para cuidarlo y para recibir lo que me da.
En la India celebran un ritual denominado puja. En él cogen unas
imágenes que representan a Dios de muy diversas maneras y las bañan, les
dan de comer y les ofrecen su amor. Incluso les cantan mantras. Las
imágenes no son importantes en sí. Lo que importa es la forma en que
celebran el ritual.
Es dejar de ir al pasado y vivir el momento
presente, aquí y ahora. Sea lo que sea que la vida te arrebate, permite
que se vaya. Cuando te entregas y dejas ir el pasado, te permites estar
plenamente vivo en el momento presente. Dejar ir el pasado significa
disfrutar del sueño que acontece ahora mismo.
Si vives en un
sueño del pasado, no disfrutas de lo que sucede en el momento presente,
porque siempre deseas que sea distinto. No hay tiempo para que te
pierdas nada ni a nadie, porque estás vivo. No disfrutar de lo que
sucede ahora mismo es vivir en el pasado, es vivir sólo a medias. Esto
conduce a la autocompasión, al sufrimiento y las lágrimas.
NACISTE CON EL DERECHO DE SER FELIZ. NACISTE CON EL DERECHO DE AMAR, DE
DISFRUTAR Y DE COMPARTIR TU AMOR. ESTÁS VIVO, ASÍ QUE TOMA TU VIDA Y
DISFRÚTALA. NO TE RESISTAS A QUE LA VIDA PASE POR TI.
No
necesitamos saber ni probar nada. Ser, arriesgarnos a vivir y disfrutar
de nuestra vida, es lo único que importa. Di que no cuando quieras decir
que no, y di que sí cuando quieras decir que sí.
Tienes
derecho a ser tú mismo. Y sólo puedes serlo cuando haces lo máximo que
puedes. Cuando no lo haces, te niegas el derecho a ser tú mismo. Esta es
una semilla que deberías nutrir en tu mente. No necesitas muchos
conocimientos ni grandes conceptos filosóficos. No necesitas que los
demás te acepten.
Expresas tu propia divinidad mediante tu vida
y el amor por ti mismo y por los demás. Los tres primeros acuerdos sólo
funcionarán si haces lo máximo que puedas.
No esperes ser siempre
impecable con tus palabras. Tus hábitos rutinarios son demasiado fuertes
y están firmemente arraigados en tu mente. Pero puedes hacer lo máximo
posible. No esperes no volver nunca más a tomarte las cosas
personalmente; sólo haz lo máximo que puedas. No esperes no hacer nunca
más ninguna suposición, pero sí puedes hacer lo máximo posible.
Si haces lo máximo que puedas, hábitos como emplear mal tus palabras,
tomarte las cosas personalmente y hacer suposiciones se debilitará y con
el tiempo, serán menos frecuentes. No es necesario que te juzgues a ti
mismo, que te sientas culpable o que te castigues por no ser capaz de
mantener estos acuerdos. Cuando haces lo máximo que puedes, te sientes
bien contigo mismo aunque todavía hagas suposiciones, aunque todavía te
tomes las cosas personalmente y aunque todavía no seas impecable con tus
palabras.
Si siempre haces lo máximo que puedas, una y otra
vez, te convertirás en un maestro de la transformación. La práctica
forma al maestro. Cuando haces lo máximo que puedes, te conviertes en un
maestro. Todo lo que sabes has aprendido mediante la repetición.
Aprendiste así a escribir, a conducir e incluso a andar… Eres un maestro
hablando tu lengua porque la has practicado.
LA ACCIÓN ES LO QUE IMPORTA.
Si haces lo máximo que puedas en la búsqueda de tu libertad personal y
de tu autoestima, descubrirás que encontrar lo que buscas es sólo
cuestión de tiempo. No se trata de soñar despierto ni de sentarse varias
horas a soñar mientras meditas. Debes ponerte en pie y actuar como un
ser humano. Debes honrar al hombre o la mujer que eres.
Debes
respetar tu cuerpo, disfrutarlo, amarlo, alimentarlo, limpiarlo y
sanarlo. Ejercítalo y haz todo lo que le haga sentirse bien. Esto es una
puja para tu cuerpo, es una comunión entre el universo y tú.
Cuando des amor a todas las partes de tu cuerpo, plantarás semillas de
amor en tu mente, y cuando crezcan, amarás, honrarás y respetarás tu
cuerpo inmensamente.
Cuando honres estos cuatro acuerdos juntos, ya no vivirás más en el infierno. Definitivamente, no.
Los Cuatro Acuerdos son un resumen de la maestría de la transformación, una de las maestrías de los toltecas.
TRANSFORMAS EL INFIERNO EN CIELO. El sueño del planeta se transforma en
tu sueño personal del cielo. El conocimiento está ahí; sólo espera a
que tú lo utilices. Los Cuatro Acuerdos están ahí; sólo tienes que
adoptarlos y respetar su significado y su poder.
Lo único que
tienes que hacer es lo máximo que puedas para honrar estos acuerdos.
Establece hoy este acuerdo: «Elijo respetar los Cuatro Acuerdos». Son
tan sencillos y lógicos que incluso un niño puede entenderlos. Pero para
mantenerlos, necesitas una voluntad fuerte. ¿Por qué? Porque vayamos
donde vayamos descubrimos que nuestro camino está lleno de obstáculos.
Todo el mundo intenta sabotear nuestro compromiso con estos nuevos
acuerdos y todo lo que nos rodea está estructurado para que los
rompamos. El problema reside en los otros acuerdos que forman parte del
sueño del planeta. Están vivos y son muy fuertes.
Por esta
razón es necesario que seas un gran cazador, un gran guerrero capaz de
defender los Cuatro Acuerdos con tu vida. Tu felicidad, tu libertad,
toda tu manera de vivir dependen de ello. El objetivo del guerrero es
trascender este mundo, escapar de este infierno y no regresar jamás a
él. La recompensa consiste en trascender la experiencia humana del
sufrimiento. Esa es la recompensa.
Verdaderamente, para
triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos, necesitamos utilizar todo
el poder que tenemos. Al principio, yo no creía que pudiera ser capaz
de hacerlo. He fracasado muchas veces, pero me levanté y seguí adelante.
No me compadecí de mí mismo. De ninguna manera iba a compadecerme de mí
mismo. Dije:
“Si me caigo, soy lo bastante fuerte, bastante
inteligente, para levantarme, puedo hacerlo.” Me levanté y seguí
adelante. Me caí y seguí adelante, y adelante, y cada vez me resultó más
y más fácil. Sin embargo, al comienzo era tan duro y tan difícil…
De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu Juez la
satisfacción de convertirte en una víctima. No, sé firme contigo mismo.
Levántate y establece el acuerdo de nuevo:
«Está bien, rompí el
acuerdo de ser impecable con mis palabras. Empezaré otra vez desde el
principio. Voy a mantener los Cuatro Acuerdos sólo por hoy. Hoy seré
impecable con mis palabras, no me tomaré nada personalmente, no haré
suposiciones y haré lo máximo que pueda».
Si rompes un acuerdo,
empieza de nuevo mañana y de nuevo al día siguiente. Al principio será
difícil, pero cada día te parecerá más y más fácil hasta que, un día,
descubrirás que los Cuatro Acuerdos dirigen tu vida. Te sorprenderá ver
cómo se ha transformado tu existencia.
Tu amor y tu respeto por
ti mismo crecen incesantemente. Puedes hacerlo. Si yo lo hice, también
tú puedes hacerlo. No te inquietes por el futuro; mantén tu atención en
el día de hoy y permanece en el momento presente. Vive el día a día. Haz
siempre lo máximo que puedas por mantener estos acuerdos, y pronto te
resultará sencillo. Hoy es el principio de un nuevo sueño.