EMERGEN NUEVOS PARADIGMAS
Hoy, amig@s, os traje un artículo hallado en LaRed, sobre el tema que última(con poca)mente (y más instinto, y mucho más aún Corazón) estoy tratando de explicar [0]. Hoy huelgan mis comentarios, y os lo transcribo directa(con poca)mente (y más instinto, y mucho más aún Corazón), a ver qué os parece. Ahí va:
Se titula INTERSOMOS, y dice así:
La esperanza que estamos siendo
Las transformaciones de nuestra cultura occidental,
entendidas como cambio de paradigma, se expresan esencialmente en la
manera como nos relacionamos los seres humanos entre sí y con los demás
seres de la Naturaleza. Van emergiendo nuevos valores y nuevas formas de
mirarnos que constituyen una nueva ética de vida.
Hemos asumido que la historia de Occidente está avanzando
desde un paradigma antropocéntrico hacia un paradigma biocéntrico. Es
decir, desde un paradigma en el que el ser humano cree que está por
fuera de la Naturaleza y que puede adueñarse, controlar y entenderlo
todo, hacia un paradigma en el que el ser humano acepta que le pertenece
a la Naturaleza y que es una hebra más del complejo tejido de la Vida.
Creemos en este tránsito cultural gracias a una poderosa
esperanza que no depende del mañana impredecible, sino del ahora que ya
estamos siendo.
Nuestra esperanza en un mundo mejor es una elección personal
que nace de la manera como nos miramos a nosotros mismos. No se
fundamenta sólo en evidencias ni sólo en deseos, es una fuerza que nos
sostiene y que emerge de una sabiduría que nos trasciende.
Es indudable que con el modelo civilizatorio que vivimos, los
seres humanos nos estamos autodestruyendo. Sin embargo, la fuerza de
esta esperanza, nos permite saber que existen millones de seres humanos y
de grupos sociales que desde actitudes cotidianas concretas y desde
decisiones políticas firmes, están haciendo y siendo propuestas de una
sociedad diferente y mejor.
Algunos lugares en los que estas propuestas se encuentran para compartirse y potenciarse, son los Foros Sociales mundiales[1] y nacionales, las Asambleas Mundiales por la Salud de los Pueblos[2] y los Laicrimpos[3] .
Este cambio de paradigma lo estamos viviendo en experiencias
colectivas, comunitarias y cotidianas que van emergiendo
espontáneamente, no como resultado de normas y leyes, sino como parte de
nuestra identificación con un sentimiento al que todos le pertenecemos,
porque se encuentra dentro de cada uno de nosotros. Sentimiento que
hemos llamado, paradigma biocéntrico.
Para la esperanza que estamos siendo, es importante reconocer
que este cambio de paradigma, lo estamos viviendo fundamentalmente en
nuestros procesos internos y cotidianos, en los intensos caminos de
descubrimiento de quiénes somos, y en los emocionantes viajes de regreso
a nuestra esencia.
La ciencia se aproxima
La ciencia occidental no es ajena a este cambio de paradigma,
ella lleva casi un siglo de rupturas y revoluciones. Los
descubrimientos de la Física Cuántica, los nuevos planteamientos de la
biología y las matemáticas, la teoría de sistemas, la termodinámica de
sistemas abiertos, entre otros conceptos, han dejado sin piso
al mecanicismo positivista, que ha sido la manera hegemónica de entender
la realidad hasta nuestros días.
Desde la misma ciencia nos estamos dando cuenta que los
sistemas vivos no funcionamos mecánicamente. Esta afirmación que ahora
nos parece simple e incuestionable, ha sido desconocida y negada en el
desarrollo de la ciencia occidental, lo que ha determinado la manera
como vemos y tratamos la Naturaleza: la tierra, los ríos, las plantas,
nuestro cuerpo…
La nueva ciencia ha descubierto que los seres vivos no se comportan como “mecanismos”, sino como “organismos”, es decir, como
“unidades funcionales y estructurales en las que unas partes existen
por y para las otras en la expresión de una naturaleza particular,
resultado de una dinámica autoorganizativa y autoregenerativa”[4]
Esto quiere decir que los sistemas vivos, incluyendo nuestro
planeta y nuestro cuerpo, no se fabrican por separado y se ensamblan
después. Surgen en el devenir de la compleja red de relaciones que es la
Vida. Y esta red implica un orden dinámico intrínseco que se determina a
cada instante, una “racionalidad inherente”, una “conciencia
universal”, una sabiduría.
Desde esta nueva ciencia, así como desde nuestras
trascendencias íntimas y cotidianas, estamos sabiendo que la Vida se
parece más a la pintura espontánea de un niño que se divierte mezclando
colores con sus manitas, que al plano preciso e impecable de un
arquitecto. La Vida transcurre, más como una comida que hace una abuela
encantada, mezclando olores, colores y sabores, que como un experimento
de química con dosis exactas.
Somos emergencia de las relaciones entre todos los seres
vivos. Nuestra existencia y nuestro desarrollo son parte de la
existencia y del desarrollo de todos los seres de la Naturaleza.
Nos hacemos los unos a los otros. Somos parte de la misma
historia y de la misma capacidad autoorganizativa. Somos expresión de
una sabiduría que nos trasciende. Formamos parte de la misma danza
vital.
Nacemos, morimos, nos transformamos, nos mantenemos, por la
misma fuerza y con el mismo sentido que le sucede a los árboles, a las
estrellas o a las mariposas. Entenderlo nos conmueve, y asumirlo cambia
profundamente nuestra mirada y nuestra relación con todos los seres de
la Naturaleza, incluyéndonos.
La racionalidad del desconocimiento y del olvido
Desde el paradigma antropocéntrico los seres humanos nos
hemos acostumbrado a relacionarnos mecánicamente entre sí y con los
demás seres de la Naturaleza.
La fragmentación y el individualismo de esta racionalidad nos
han hecho aislarnos de los demás, suponiendo que no tienen nada que ver
con nosotros. El mecanicismo nos llena de argumentos para justificar el
desconocimiento de nuestra responsabilidad social y de nuestra
responsabilidad ecológica, las cuales son una sola responsabilidad.
Así mismo, la lógica de causa efecto, también propia del
mecanicismo, nos ha hecho caer en la trampa de la culpabilidad y del
merecimiento. Nos olvidamos de la red de la que formamos parte y creemos
que las cosas suceden exclusivamente por nuestra voluntad.
Esta racionalidad nos mantiene presos de nuestra
irresponsable indiferencia y de nuestro soberbio protagonismo como seres
humanos. Sólo es posible superarla si se transforman nuestras maneras
de mirarnos y de relacionarnos.
Desde este paradigma creemos que la Vida está fuera de nosotros, que se puede
controlar, dominar, poseer y enjuiciar. Entonces suponemos que el
cuerpo, la tierra, la comunidad, el conocido y el desconocido, son
ajenos, que no son lo que yo soy, que son “lo otro”. Este paradigma
justifica la violencia y la guerra como medios y como fines.
Lo más grave es que esta racionalidad mecanicista se mete
entre nuestras cobijas e invade hasta nuestra manera de soñar. Nos llena
de juicios y de desolaciones, no nos deja ver la vida que somos, nos
empuja hacia el desencantamiento.
Afortunadamente la Vida es más hermosa y mágica de lo que
nuestros ojos mecanicistas nos permiten ver. La Vida es misteriosamente
sabia y generosamente ilimitada.
Intersomos
Superar el antropocentrismo y avanzar hacia el biocentrismo,
es asumir que somos en, para y con los otros, es decir, que
“intersomos”. Una forma de relacionarnos que va más allá de la
interdependencia y que expresa una nueva manera de mirarnos.
Las nuevas maneras de mirar requieren nuevas maneras de decir. “Intersomos”[5]
es una de las nuevas palabras que van emergiendo en este cambio de paradigma cultural. Así como “alegremia”[6] y “corazonar”[7]
Estas nuevas palabras van siendo apropiadas mágica y naturalmente,
como si hubieran nacido dentro de cada uno de nosotros. Inspiran nuestro
caminar, y nos ayudan a decir lo que sentimos, a encontrarnos y a saber
que caminamos junto a muchos más.
Intersomos con los demás seres humanos, con el sol, con las flores, con las nubes, con el mar… Nos hacemos los unos a los otros, en cada
instante. Nos movemos sincrónicamente. Todo lo que nos sucede es
expresión de lo que le está sucediendo al Universo entero. Intersomos, no estamos solos, no somos solos.
Nuestro canto, nuestra risa, nuestro llanto y nuestro vuelo
le pertenecen a la Vida, forman parte de una misma danza. Por eso, cada
instante es un milagro, cada gesto una señal y cada encuentro una cita.
Nuestro devenir es sagrado, así como el de cada árbol, cada
hoja y cada gota de rocío. No existimos para cumplir una función
específica, para llegar a una meta, ni para ser utilizados para algo ni
por alguien. Nuestra existencia es una de las infinitas maneras con la
que la Vida se cumple a sí misma.
Las cosas no suceden por nosotros, sino con nosotros, y eso significa que nuestro compromiso con la Vida es tan ineludible como nuestra confianza en ella.
No dirigimos la orquesta, somos una nota más de una sinfonía
que se hace a sí misma a cada instante. Sin la nota que estamos siendo,
esta sinfonía no sería la misma, pero seguiría siendo sinfonía. Por lo
tanto, sólo nos queda entregarnos y reverenciar la Vida que está siendo
en nosotros y con nosotros.
Una manera de entender este cambio de paradigma es a partir
de la relación entre lo femenino y lo masculino. Desde el paradigma
antropocéntrico que parte de la dualidad excluyente de oposición, se
sobrevalora lo masculino y se desconoce y desprecia lo femenino,
distorsionando ambos conceptos.
Desde el paradigma biocéntrico, que parte de la dualidad
creativa de interrelación, se entiende que lo femenino y lo masculino
como unidad, son fuerzas constitutivas de la Vida, que no se oponen,
sino que se complementan. Lo femenino es el sentimiento de
pertenencia y de integralidad, y lo masculino es el sentimiento de
autoafirmación y de singularidad. Uno no es sin el otro.
En este cambio de paradigma, estamos recuperando lo
femenino, encontrándolo en nuestra propia esencia y sanando la brecha
que lo ha opuesto a lo masculino. Es decir, que cambiar de paradigma es
recuperarNOS, integrarNOS y sanarNOS.
El interser es uno de los dones de lo femenino, así como
lo son: dar vida, tejer redes, conectarse con la sabiduría de la Vida,
la sensualidad, la creatividad, sentir e intuir, vivir los procesos como
propósitos, y reconocer nuestra naturaleza cíclica.
Asumir que intersomos
Uno de los desafíos más importantes del momento histórico que
vivimos, es asumir que intersomos. Es decir, permitir que este
sentimiento que está renaciendo, transforme nuestras cotidianidades, las
maneras como entendemos la realidad y las formas como nos organizamos
en comunidad.
Vamos a descubrir el intersomos reflejado en todos los
escenarios de nuestra vida: el íntimo, el de nuestros diferentes haceres
y saberes, y el político.
Pertenecerle a la Vida es saber que sólo soy un pequeño
remolino de un gran río, y que todo lo que me pasa y que todo lo que
siento le pertenece a su fuerza y a su sentido. Asumirlo, me regala la
libertad de sentir que la Vida no transcurre por mi voluntad sino con mi
existencia, la esperanza de saber que mi presencia tiene el poder del
aleteo de una mariposa, y la dicha de formar parte de una Vida que más
allá de mí, está siendo y haciendo.
¿Cómo voy a mirar al otro, al árbol, al río, ahora que sé que
tenemos un mismo devenir, que nos estamos haciendo el uno al otro
permanentemente, y que por diversos que sean nuestros camino y
escenarios, formamos parte de la misma historia? ¿Cómo no voy a
conmoverme ahora con la existencia de todos los seres de la Naturaleza,
incluyéndome?
Lo que le pasa al otro, no sólo me afecta, sino que también
me está pasando a mí. Sus transformaciones, emociones, vivencias,
dolores y alegrías me hacen y deshacen a cada instante. Lo sabemos con
quienes amamos. Ahora, sabemos que ocurre también con quienes no amamos,
con quienes ni siquiera conocemos, con quienes ya existieron y con
quienes aun no existen, con el río, con la montaña, con el águila…
La Vida es en mí, pero no depende de mí. Más que entender y
controlar, se trata de relacionarnos. Y como la relación es el principio
vital, lo que nos queda es darnos cuenta que nos relacionamos, para
aceptar nuestro irremediable compromiso con la Vida que estamos siendo.
Asumir que intersomos transforma nuestras decisiones,
acciones y motivaciones. Emergen nuevos valores como el respeto por la
inmensidad a la que le pertenecemos y la gratitud por pertenecerle.
Resignificamos la Vida al ir tomando conciencia que
intersomos. Surgen nuevas maneras de entender la salud, la muerte, la
enfermedad, la política, el amor… Nuevos conceptos, como “Salud de los
Ecosistemas”
[8] , que van recreando este sentimiento y formando parte de él.
Apenas estamos intentando descifrar las profundidades y
complejidades de este nuevo paradigma. El camino es incierto, pero el
ahora es emocionante y esperanzador, porque está surgiendo al
encontrarNOS y al darnos cuenta que la esencia está dentro de nosotros
mismos.
¡Que nos transforme la Vida saber que intersomos, porque lo necesitamos con urgencia!
___________________________
[1]
Se trata de una verdadera Asamblea de la Humanidad que se realiza
anualmente teniendo como lema “Otro mundo es posible”. El primero de
ellos tuvo lugar en Porto Alegre, Brasil, en 2001 y el último (VII Foro
Social Mundial) se realizó en Nairobi, Kenya, en enero de 2007. En estos
Foros se presentan tanto denuncias al modelo neoliberal como propuestas
sociales, económicas, políticas y ambientales que están permitiendo la
emergencia de ese otro mundo posible más justo, solidario y sustentable.
[2]
La I Asamblea Mundial de Salud de los Pueblos tuvo lugar en diciembre
de 2000 en Savar, Bangladesh convocada por diversas organizaciones no
gubernamentales. Unos 1500 delegados de 94 países suscribieron la
Declaración que constituyó la fundación del Movimiento Mundial de Salud
de los Pueblos. La II Asamblea se llevó a cabo en julio de 2005 en
Cuenca, Ecuador.
[3]
Son encuentros de salud popular que se realizan anualmente a comienzos
del mes de noviembre, en diversos sitios del norte argentino, desde
1990. La esencia es el compartir saberes y haceres autogestivos con el
espíritu de “la salud en manos de la comunidad”. Participan compañeras y
compañeros de Paraguay, Uruguay, Ecuador y otros países.
[4] Brian Goodwin en “Las Manchas del leopardo. La Evolución de la Complejidad” Tusquets Editores, España, 1998.
[5]
“Todos somos uno y coexistimos en un continuo de la vida, todos estamos
interconectados, interactuamos e INTERSOMOS: ser uno con algo, no
estamos por fuera” Mauren Murdock en “La Mujer Sabia: El Viaje de la
Heroína”, GAIA Ediciones, Madrid, 1991
[6]
Palabra difundida y recreada por Julio Monsalvo. La palabra “Alegremia”
(alegría circulando por la sangre) surge de compartir con mujeres
campesinas del norte argentino, y luego de otros escenarios,
conversaciones acerca de las necesidades realmente básicas para vivir:
aire, agua, alimento, albergue, amor, arte, aprendizaje. A partir de
estas reflexiones se cuestiona la definición de salud como “un estado de
normalidad”, ya que naturalmente se comprende la salud como un proceso
que puede ser cada vez más saludable, percibido justamente por la
alegría manifestada en lo cotidiano.
[7]
Palabra que nos enseñó Vicente Aguilera, amigo y médico ecuatoriano.
“CORAZONAR, busca re-integrar la dimensión de totalidad de la condición
humana, decir seres humanos es reconocer que estamos formados por razón y
corazón. CORAZÓN-AR quiere decir que el corazón no excluye, no
invisibiliza la razón, sino que por el contrario, el CO-RAZONAR le nutre
de afectividad, a fin de que se descolonice su carácter perverso,
conquistador y colonial que históricamente ha tenido”.
[8]
“Salud de los Ecosistemas” es una propuesta de Julio Monsalvo, que
expresa la concepción de salud que emerge del paradigma biocéntrico. Es
un concepto integrador de las propuestas sociales y ecológicas que
constituyen el amanecer de este “otro mundo posible”. Asumir la Salud de
los Ecosistemas es sentir que le pertenecemos a la Naturaleza y
entonces, entender que la salud es una sola, porque los seres humanos
somos parte del ecosistema.
...
Fuente texto: http://www.altaalegremia.com.ar/contenidos/Intersomos_-_Sandra_Payan.html#_ednref1
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Sí, ¡Con Urgencia!!!.
Pronto más, sobre el tema [0].
Con Amor.
Y en Servicio.
Ann Love Bell
....
[0]: Y por si no leíste mi post anterior, aquí te redirecciono: