HOY, AMIG@ LECTOR/A, ANDO RELEYENDO A ERIC FROMM, y aquí subí un cachito de mi lectura para hacerte partícipe. Y es que, resumo primero un poco:
Erich Fromm, en su libro "El
arte de amar", realiza una topología del amor. Parte del concepto que
el amor es un arte que debe ser aprendido, desde lo práctico como
lo teórico, y que esto último es lo difícil y no el hecho de no
encontrar a quien amar, como se cree popularmente.
El hombre sufre
porque necesita superar la separatividad, o sea, la soledad, a la
que experimenta como angustiante, y el amor es la forma de afrontar
la separatividad humana.
Cuando habla de amor maduro se refiere a
"la paradoja de dos seres que se convierten en uno, y no obstante,
siguen siendo dos". Este amor implica cuidado, responsabilidad,
respecto y conocimiento.
Distingue distintos tipos de
objetos amorosos: Amor fraternal. Amor erótico. Amor materno.
Amor a sí mismo. Amor a Dios.Yo hoy os voy a transcribir sólo sobre EL AMOR ERÓTICO, uno de los distintos tipos de amor que describe Fromm; y que diferencia claramente del impulso sexual.
("Se diferencia del impulso sexual porque no sólo mantiene la especie sino
que la mejora. Comienza siendo un amor fraterno, en cambio, el impulso
sexual sólo se inicia con una emoción intensa. Sólo se satisface con la
persona especial que hemos elegido, en cambio, el impulso sexual se
satisface con cualquiera.")
Y dice así Fromm, sobre el amor erótico, transcribo:
Amor erótico.
El amor fraterno es amor entre hermanos; el amor materno
es amor por el desvalido. Diferentes como son entre sí,
tienen en común el hecho de que, por su misma naturaleza,
no están restringidos a una sola persona. Si amo a
mi hermano, amo a todos mis hermanos; si amo a mi hijo, amo
a todos mis hijos; no, más aún, amo a todos
los niños, a todos los que necesitan mi ayuda. En contraste
con ambos tipos de amor está el amor erótico:
el anhelo de fusión completa, de unión con una
única otra persona. Por su propia naturaleza, es exclusivo
y no universal; es también, quizá, la forma
de amor más engañosa que existe.
En primer lugar, se lo confunde fácilmente con la
experiencia explosiva de "enamorarse", el súbito
derrumbe de las barreras que existían hasta ese momento
entre dos desconocidos. Pero, como señalamos antes,
tal experiencia de repentina intimidad es, por su misma naturaleza,
de corta duración. Cuando el desconocido se ha convertido
en una persona íntimamente conocida, ya no hay más
barreras que superar, ningún súbito acercamiento
que lograr. Se llega a conocer a la persona "amada"
tan bien como a uno mismo. O, quizá, sería mejor
decir tan poco. Si la experiencia de la otra persona fuera
más profunda, si se pudiera experimentar la infinitud
de su personalidad, nunca nos resultaría tan familiar
-y el milagro de salvar las barreras podría renovarse
a diario-. Pero para la mayoría de la gente, su propia
persona, tanto como las otras, resulta rápidamente
explorada y agotada. Para ellos, la intimidad se establece
principalmente a través del contacto sexual. Puesto
que experimentan la separatidad de la otra persona fundamentalmente
como separatidad física, la unión física
significa superar la separatidad.
Existen, además, otros factores que para mucha gente
significan una superación de la separatidad. Hablar
de la propia vida, de las esperanzas y angustias, mostrar
los propios aspectos infantiles, establecer un interés
común frente al mundo =se consideran formas de salvar
la separatidad-. Aun la exhibición de enojo, odio,
de la absoluta falta de inhibición, se consideran pruebas
de intimidad, y ello puede explicar la atracción pervertida
que sienten los integrantes de muchos matrimonios que sólo
parecen íntimos cuando están en la cama o cuando
dan rienda suelta a su odio y a su rabia recíprocos.
Pero la intimidad de este tipo tiende a disminuir cada vez
más a medida que transcurre el tiempo. El resultado
es que se trata de encontrar amor en la relación con
otra persona, con un nuevo desconocido. Este se transforma
nuevamente en una persona "íntima", la experiencia
de enamorarse vuelve a ser estimulante e intensa, para tornarse
otra vez menos y menos intensa, y concluye en el deseo de
una nueva conquista, un nuevo amor -siempre con la ilusión
de que el nuevo amor será distinto de los anteriores-.
El carácter engañoso del deseo sexual contribuye
al mantenimiento de tales ilusiones.
El deseo sexual tiende a la fusión -y no es en modo
alguno sólo un apetito físico, el alivio de
una tensión penosa-. Pero el deseo sexual puede ser
estimulado por la angustia de la soledad, por el deseo de
conquistar o de ser conquistado, por la vanidad, por el deseo
de herir y aun de destruir, tanto como por el amor. Parecería
que cualquier emoción intensa, el amor entre otras,
puede estimular y fundirse con el deseo sexual. Como la mayoría
de la gente une el deseo sexual a la idea del amor, con facilidad
incurre en el error de creer que se ama cuando se desea físicamente.
El amor puede inspirar el deseo de la unión sexual;
en tal caso, la relación física hállase
libre de avidez, del deseo de conquistar o ser conquistado,
pero está fundido con la ternura. Si el deseo de unión
física no está estimulado por el amor, si el
amor erótico no es a la vez fraterno, jamás
conduce a la unión salvo en un sentido orgiástico
y transitorio. La atracción sexual crea, por un momento,
la ilusión de la unión, pero, sin amor, tal
"unión" deja a los desconocidos tan separados
como antes -a veces los hace avergonzarse el uno del otro,
o aun odiarse recíprocamente, porque, cuando la ilusión
se desvanece, sienten su separación más agudamente
que antes-. La ternura no es en modo alguno, como creía
Freud, una sublimación del instinto sexual; es el producto
directo del amor fraterno, y existe tanto en las formas físicas
del amor, como en las no físicas.
En el amor erótico hay una exclusividad que falta
en el amor fraterno y en el materno. Ese carácter exclusivo
requiere un análisis más amplio. La exclusividad
del amor erótico suele interpretarse erróneamente
como una relación posesiva. Es frecuente encontrar
dos personas "enamoradas" la una de la otra que
no sienten amor por nadie más. Su amor es, en realidad,
un egoísmo á deux; son dos seres que se identifican
el uno con el otro, y que resuelven el problema de la separatidad
convirtiendo al individuo aislado en dos. Tienen la vivencia
de superar la separatidad, pero, puesto que están separados
del resto de la humanidad, siguen estándolo entre sí
y enajenados de sí mismos; su experiencia de unión
no es más que ilusión. El amor erótico
es exclusivo, pero ama en la otra persona a toda la humanidad,
a todo lo que vive. Es exclusivo sólo en el sentido
de que puedo fundirme plena e intensamente con una sola persona.
El amor erótico excluye el amor por los demás
sólo en el sentido de la fusión erótica,
de un compromiso total en todos los aspectos de la vida -pero
no en el sentido de un amor fraterno profundo-.
El amor erótico, si es amor, tiene una premisa. Amar
desde la esencia del ser -y vivenciar a la otra persona en
la esencia de su ser-. En esencia, todos los seres humanos
son idénticos. Somos todos parte de Uno; somos Uno.
Siendo así, no debería importar a quién
amamos. El amor debe ser esencialmente un acto de la voluntad,
de decisión de dedicar toda nuestra vida a la de la
otra persona. Ese es, sin duda, el razonamiento que sustenta
la idea de la indisolubilidad del matrimonio, así como
las muchas formas de matrimonio tradicional, en las que ninguna
de las partes elige a la otra, sino que alguien las elige
por ellas, a pesar de lo cual se espera que se amen mutuamente.
En la cultura occidental contemporánea, tal idea parece
totalmente falsa. Supónese que el amor es el resultado
de una reacción espontánea y emocional, de la
súbita aparición de un sentimiento irresistible.
De acuerdo con ese criterio, sólo se consideran las
peculiaridades de los dos individuos implicados -y no el hecho
de que todos los hombres son parte de Adán y todas
las mujeres parte de Eva-. Se pasa así por alto un
importante factor del amor erótico, el de la voluntad.
Amar a alguien no es meramente un sentimiento poderoso -es
una decisión, es un juicio, es una promesa-. Si el
amor no fuera más que un sentimiento, no existirían
bases para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento
comienza y puede desaparecer. ¿Cómo puedo yo
juzgar que durará eternamente, si mi acto no implica
juicio y decisión?
Tomando en cuenta esos puntos de vista, cabe llegar a la
conclusión de que el amor es exclusivamente un acto
de la voluntad y un compromiso, y de que, por lo tanto, en
esencia no importa demasiado quiénes son las dos personas.
Sea que el matrimonio haya sido decidido por terceros, o el
resultado de una elección individual, una vez celebrada
la boda el acto de la voluntad debe garantizar la continuación
del amor. Tal posición parece no considerar el carácter
paradójico de la naturaleza humana y del amor erótico.
Todos somos Uno; no obstante, cada uno de nosotros es una
entidad única e irrepetible. Idéntica paradoja
se repite en nuestras relaciones con los otros. En la medida
en que todos somos uno, podemos amar a todos de la misma manera,
en el sentido del amor fraternal. Pero en la medida en que
todos también somos diferentes, el amor erótico
requiere ciertos elementos específicos y altamente
individuales que existen entre algunos seres, pero no entre
todos.
Ambos puntos de vista, entonces, el del amor erótico
como una atracción completamente individual, única
entre dos personas específicas, y el de que el amor
erótico no es otra cosa que un acto de la voluntad,
son verdaderos -o, como sería quizá más
exacto, la verdad no es lo uno ni lo otro-. De ahí
que la idea de una relación que puede disolverse fácilmente
si no resulta exitosa es tan errónea como la idea de
que tal relación no debe disolverse bajo ninguna circunstancia.
ESPERO OS HAYA GUSTADO. SIGO LEYENDO.
Pronto más.
Con Amor.
Y en Servicio.
Ann Love Bell